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Grupo Terapéutico

Grupo TerapeuticoCOORDINADORA

Edith Liberman: -Ciencias de la Computación. Universidad de Buenos Aires. 1975.-Técnico Superior en Psicología Social. Diploma. Escuela de Psicología Social “Pichón Rivière”. 1984.-Psicoanálisis. “Escuela de Psicoanálisis de niños y adolescentes”. Curso postgrado. 1990-Psicoterapia en Análisis Bioenergético. Certificada por el International Institute for Bioenergetic Análisis (IIBA) 1991. Supervisor en Análisis Bioenergético. Certificado (IIBA). 1996-Local Trainer (Formador local) en Análisis Bioenergético. Certificado (IIBA). 2004-Análisis del proceso grupal. Diploma Curso de Postgrado. Escuela Madrileña de Terapia Gestalt 2009

FECHAS:

Octubre 2018

Miércoles de 19 a 21 hs. (Actividad quincenal)

HONORARIOS: 70 € mensual

RESERVAS: Edith Liberman. Email: edith@bioenergetica.es

Telf.: +34 687 47 11 03

LOCALIZACIÓN
El curso tendrá lugar en el:

Centro de Psicoterapia y Desarrollo Personal de “Bioenergética Madrid”
C/ Orense, 12. 1º Oficina 5.
28020 – MADRID

 

¿Para qué sirve una terapia de grupo? ¿Yo la necesito? ¿Me sentiré incómoda/o hablando de mis cosas?

Este texto intenta responder a esas preguntas y a algunas más…

 

¿Para qué sirve una terapia de grupo?

La terapia de grupo es un medio que se ha revelado eficaz desde inicios del siglo XX para crear nuevos modos de funcionamiento, tanto en las interacciones entre las personas como en el conocimiento de uno mismo y la autorregulación emocional.

¿Cómo funcionamos?

La combinación de la genética con las relaciones de apego ha configurado nuestra personalidad, nuestra postura en la realidad y nuestra manera de relacionarnos. Esta configuración está constituida por patrones que modelan el funcionamiento personal en base a:

-la disponibilidad de más o menos energía en el organismo, que define los estados de más o menos vitalidad (sentirse más vital o más apático),

-la aparición de las emociones y sus intensidades (regulación emocional),

-los sentimientos,

-el procesamiento de la información de nuestros estados internos y de la información que recibimos sobre la realidad externa a través de los sentidos,

-la postura, o sea, el modo habitual de colocarse en la realidad,

-la interpretación del entorno y de las situaciones que forman nuestro mundo cotidiano,

-la forma de interactuar con ese entorno, tanto en la intimidad como en lo social o laboral,

-las conductas habituales,

-el modo de afrontar los conflictos.

¿Si algo no va bien?

Estos patrones inconscientes crean respuestas automáticas y repetitivas. Precisamente porque son inconscientes, no nos damos cuenta de cómo lo hacemos, sino de los resultados de nuestro modo de funcionar. El automatismo nos deja impotentes a la hora de generar nuevas respuestas en todos o alguno de esos campos cuando las cosas no van bien.

Pero nuestra naturaleza nos ha dotado de plasticidad, o sea, de la posibilidad de intervenir sobre esos patrones para flexibilizarlos y/o crear otros nuevos que permitan cambiar la configuración inicial, en la medida en que sea necesario para un mayor bienestar, para mejorar nuestras relaciones, para resolver conflictos, para alcanzar nuevas metas.

Para conseguirlo es necesario conectar con uno mismo de un modo consciente, con las emociones, los sentimientos, los pensamientos asociados a ellos. Así es posible descubrir cómo funcionas, qué sientes, cómo regulas tus emociones, cómo las expresas. Qué deseas, qué te gustaría cambiar. Cómo te comunicas, cómo actúas. Lo que no quieres hacer, pero haces. Lo que quieres hacer, pero no haces. Cómo te ven los otros, cómo reciben tu forma de ser, qué provocas en ellos.

El conocimiento es poder.

El único modo de no estar atrapado en los automatismos es el conocimiento. Cuando soy consciente de la respuesta automática, puedo crear un freno que permita decidir si la dejo actuar o hago algo diferente. Esto es aplicable a cualquier situación. Por ejemplo, la respuesta sumisa o iracunda a la pareja o a cualquier otra persona, la idea que tengo de mí mismo o el comer fuera de horas.

Es habitual que cuando alguien está “nervioso” simplemente le digan “tranquilízate”. O si está tenso, “relájate”. Es obvio que si alguien está nervioso o tenso no es porque ha decidido estarlo y puede decidir no estarlo. Por tanto, el buen consejo es impracticable y contraproducente, ya que sólo agrega impotencia al malestar previo.

Los “nervios”, la tensión y, en general, las reacciones son automáticas. Reaccionamos frente a la realidad sin poder evitarlo a causa de nuestra configuración inconsciente, de esos patrones de actuación que llevamos inscritos. Funcionamos “por defecto”, si hablamos en términos informáticos, ignorando qué “programas” ponen en marcha la reacción y cómo detenerlos.

Si, en cambio, conocemos el patrón, sabemos cuándo y cómo se activa y de qué modo lo hace, se abre una posibilidad de no actuarlo.

¿Cómo?

Tranquilizarse y relajarse, por ejemplo, es cambiar estados del cuerpo. Estar nervioso es la forma en que designamos un estado en que el ritmo de la respiración está acelerado, el tono muscular elevado, sentimos más energía en la cabeza y en los brazos que en la zona inferior del cuerpo, las mandíbulas se aprietan, la vista enfoca en aquello que nos altera y desenfoca el contexto. Cuando tratamos de controlarlo, aumentamos la tensión y nos encontramos en un círculo vicioso.

La manera en que vemos la situación que nos afecta se fija y tiende a rondar en los pensamientos formando parte del círculo vicioso: más pienso en ello y más me tenso, más me tenso y más pienso en ello.

¿Cómo romper el círculo vicioso? Con el cuerpo y la palabra. Regulando la respiración, cambiando el foco corporal y visual, encontrando un interlocutor empático que nos transmita serenidad y, desde otro estado emocional, podremos cambiar el modo de pensar y enfocar la situación para actuar de otro modo.

Cuando no disponemos en nuestro entorno habitual de los recursos para ello, tal vez ha llegado el momento de buscarlos fuera de nuestro entorno.

¿Dónde?

Un grupo terapéutico es un espacio fundamentado en la seguridad, el respeto y el apoyo emocional. Las interacciones grupales, reguladas y moderadas por el terapeuta, excluyen, por norma, el juicio sobre los sentimientos de los demás. Las emociones no son buenas ni malas, sentir vergüenza y no mostrarse, o sentir rabia y no saber cómo canalizarla, por ejemplo, son objeto de trabajo y no de juicio.

Aprender a dar y recibir respuestas empáticas, conocer nuestras reacciones y conseguir herramientas para regularlas, conocer las propias actitudes y su impacto en los otros, “ensayar” nuevas posturas y observar sus efectos, ver diferentes modos de afrontar las situaciones, son algunas de las tareas y posibilidades que ofrece un grupo terapéutico.

Hablar de uno mismo y escuchar a otros hablar de sí mismos puede parecer difícil. Mostrarse vulnerable no es lo que la cultura y los entornos sociales admiten y promueven. Lo que en la calle es tabú, en el grupo terapéutico es posible. Y es un modo de encontrar apoyo y herramientas para mejorar el bienestar y ajustar las expectativas.

El grupo tendrá lugar dos miércoles alternos al mes y una duración de dos horas, de 19 a 21 horas.

Además del intercambio verbal, donde todos los participantes tendrán espacio para compartir las cuestiones que necesiten, propondremos dinámicas y ejercicios vivenciales para facilitar la conciencia de uno mismo y de las modalidades de interacción.